Pasaron muchas vidas desde aquel día en que comencé a despertar, pasaron tantas que ya no recuerdo el día exacto en que fue. Sin embargo, recuerdo una metodología que fui practicando cada día cuando quise entender por qué actuaba como actuaba o por qué sentía como sentía.
Hoy quiero compartir esto con ustedes..mis lectores.
Las emociones se forman a través de un acontecimiento que vivimos. Puede ser algo positivo como negativo, pero en este caso voy a utilizar algo negativo porque es justamente lo que intenté conocer en aquel momento. Mi reacción negativa en determinada situación que viví de chica.
Antes, entonces, es pertinente aclarar que lo positivo y negativo depende de la subjetividad de cada uno, porque lo que puede ser visto como algo positivo para mí, puede no serlo para vos.
Sigamos…
En aquel entonces, yo practicaba gimnasia deportiva. Entre todas las piruetas que yo solía aprender en las clases, recuerdo que a mi no me salía el flic flac, una pirueta en la que tenemos que saltar hacia atrás con velocidad y donde se utiliza mucha fuerza de brazos, algo así como hacer un puente, pero tirando el cuerpo hacia atrás.
Cada vez que practicaba, no había caso. Fallaba una vez, otra vez, me caía y terminaba por desistir. Comenzó a darme miedo intentarlo. Eso sucedió entre los 7 y 10 años. Dejé de ir a las prácticas luego de un tiempo con mucha frustración. A los 13, recuerdo que yo ya estaba cursando el secundario en otra ciudad, nos habíamos mudado. Entonces me anoté en unas clases en un club cerca de mi nueva casa, quería volver a intentarlo. Luego de muchos intentos, volvió a pasarme lo mismo. No podía con esa pirueta.
Durante muchos años esto me quitó el sueño, yo entrenaba mi fuerza de brazos, entrenaba mi fuerza de piernas, como para estar segura, pero ahí había algo más que no me permitía lograr esa pirueta escurridiza. Ya de grande, cuando comencé el proceso de sacar los trapitos de mi vida al sol, una de las situaciones que quise intentar analizar fue esta.
Entonces, la situación que generaba la emoción era: fallar en el intento de hacer el ejercicio.Este era el primer descubrimiento. “fallar”. Ahora bien, ¿Qué interpretación tenía yo de esa situación? porque todas mis compañeras lo hacían y bien! Si para ellas era fácil, ¿qué onda conmigo? Aquí aparecía el razonamiento “no sirvo para esto”, todas pueden y yo no, todas tenemos el mismo entrenador y todas pueden y yo no… Listo! ¿Cuál era la emoción que generaba? angustia, enfado, frustración y para cerrar el círculo, me comenzaba a doler la panza, lloraba.. en fin, dejaba de hacer eso, renunciaba.
Ahora bien, cuál fue la consecuencia de todo esto?
Mi autoestima se fue por el caño sintiéndome una fracasada, porque mi rendimiento era el peor del mundo frente al de mis compañeras, mi entrenador y mi familia me retaban porque yo me enojaba y abandonaba la actividad y yo pensaba que me veían con decepción. Mi motivación desapareció.
Y esto último se convirtió en el recuerdo que quedó guardado en mi mente por años aunque lo haya construido en una milésima de segundo. Entre los 7 y 9 años ya había generado el suficiente autoconcepto de incapacidad de hacer un flic flac, tanto que a los 13 la repetición fue automática y mucho más veloz. Y a los 25 ni te cuento, quise volver a intentarlo en otro club, con otro entrenador, con más colchonetas, pero los resultados fueron los mismos.. Tanto así, que trasladé esta situación a otras áreas de la vida en un santiamén.
Cada vez que fallaba en algo, automáticamente afloraban en mi mente aquellas emociones arraigadas que decantaban en consecuencias desagradables.
La mente se entrena igual que el cuerpo. Yo entrenaba mi cuerpo en aquel entonces, ahora debía ir por la mente para gestionar mejor mis emociones. Y es el trabajo que comencé a hacer aquel día en el que les cuento que comenzó mi despertar.
¿Y cómo chucha se entrenan las emociones?
En mi caso lo hice “sola”, sin el ruido de la muchedumbre que me rodeaba, intenté hablar conmigo misma y profundizar en mis experiencias pasadas para detectar en dónde se habían podido replicar estas conductas, en qué situaciones específicas. Es un gran trabajo de introspección, por lo cual, hay que tener paciencia pero constancia, porque además, es un proceso con altibajos. Puse foco en que mi “éxito” de ese momento se basara en no abandonar el proceso por más que aún siguiera cometiendo “fallos».
Uno de los ejercicios que aprendí a hacer es la meditación básica, que consiste en algo tan simple como sentarte o recostarte ( a mi me gusta más recostarme) y por 10 minutos no hacer más que respirar y estar concentrada en esas respiraciones. La primera vez que lo hice obviamente se me cruzaban todos los pensamientos habidos y por haber y no podía tener la mente en blanco, como suelen decir los que enseñan mindfulness y me frustraba mucho. Peeeerooo me resistía a dejar de intentarlo. Luego, aprendí que, no estaba mal tener pensamientos, porque yo decía “¿cómo se hace para no pensar? de hecho, cuando estás concentrado en la respiración, estás pensando en ella no?
En fin, ahora cada vez que me recostaba a meditar, me concentraba cada vez más en la respiración y cuando algún pensamiento se asomaba, lo saludaba y volvía a observar la respiración. Al principio no me di cuenta de esto, pero al detectar un pensamiento ¡lo estaba haciendo consciente! y al dejarlo pasar, ya no sentía frustración, es decir, estaba controlado mi emoción! y cuando volvía a concentrarme en la respiración estaba siendo constante con mi objetivo de no abandonar mi proceso. ¡Bravo!
Me pasé mucho tiempo haciendo este ejercicio. Y ahora hago unos flic flac en mi mente que ni te cuento! Porque ya no me da el cuerpo.
El segundo paso fue hacer un ejercicio que me enseñaron muy muy piola. A mi siempre me gustó escribir, así que esta parte no me costó tanto. El tema es así, hay que tomar notas.
Me busqué una libretita para anotarme cinco preguntas que decía dicho ejercicio.Este cuestionario debía rellenarlo luego de un entrenamiento/ensayo/discusión/exámen de facultad o lo que fuere.
1- ¿Qué nota le pongo a mi gestión emocional? (de 0-10)
2- Nombrá 3 o más emociones que hayas reconocido en dicha situación.
3- Nombrá 3 estadíos en los que hayas detectado estas emociones en dicha situación
4- Si pudieras sustituir estas emociones por otras que te gusten más, ¿cuáles serían? Describirlas.
5- ¿Disfrutaste de la situación? ¿cuánto de 0-10?)
Este ejercicio me ayudó a saber como me quería sentir, es decir, mi elección. Además de que me mostró ciertas tendencias en mi conducta que se repetían en ciertas situaciones particulares.
Una vez que pude identificar tendencias de esas emociones o esa emoción que se repite, ahí es donde puedo comenzar a profundizar y trabajar con ella.
Volvemos al cuestionario:
1- Nombrá la emoción que más se repite en tus preguntas diarias:
2- ¿Cuándo las siento?
3- Observá tu cuerpo: ¿qué parte de él te da señales? por ej.: dolor de panza, cosquilleo, tensión muscular…
4- ¿quién me gustaría ser en esa situación?
5- ¿qué emoción necesitaría sentir para llegar a eso?
¿Te das cuenta en dónde está puesto el foco?- en tu objetivo, en eso que querés lograr.
Las emociones influyen en el rendimiento, en el disfrute y en el resultado de cualquier situación. Por eso para mi fue y sigue siendo muy importante desarrollar la consciencia para poder conocer las emociones, desde dónde se originan, cuál es la raíz, su historia…
Siento, pienso, ambas.. en que ir más allá en el desarrollo de esa consciencia (y de todas las consciencias), es lo que puede mejorar la calidad de vida de los que estamos acá..
Gracias por leerme. Besito
