Hay horas de mi vida que tienen tu nombre
Y lo tendrán para siempre, lo sé.
Hoy volví a esas palabras que,
Aunque se están volviendo amarillas por los años,
Logran reavivar, al menos, algunos cuadros.
Mirábamos un barco que partía
Con la nostalgia prematura de una posible despedida.
Y al instante la gran alegría de sobrevivir
A pesar de todo…
Y Salir a navegar a esos lugares en donde
Todo es posible.
Dijiste que las velas pueden hacer milagros,
Pero no eran las velas,
sino el viento y tus manos
Quienes cambiaron de ruta
Bien lejos de ese todo,
Para anclar en la nada.
Te avisé.
Pero elegiste pensar que te saqué la silla.
La costumbre no es buena compañía
Para el que busca el cambio.
Si no estabas a mi altura,
Fue porque decidiste mantenerte agachado.
Hoy veo con mis ojos inundados
No hay caso, che…
El fruto solo madura cuando está preparado…
FIRMA: EL FRUTO.
